DAKAR
ULTIMA FRONTERA EXISTENTE ANTES DEL CAOS ABSOLUTO
Viajar a Senegal fue como cruzar la última frontera existente antes del caos absoluto. Con el paso del tiempo creía haber conseguido la madurez necesaria para poder viajar a cualquier lugar del mundo, pero nada de lo que había vivido en mis viajes me había preparado para poder afrontar mi primera incursión en Africa. Te montas en el avión con ganas de conocer un mundo nuevo, y cuando aterrizas, te encuentras metido en una película de Mad Max. Gente agolpándose contra ti, coches de hace 30 años con las lunas quebradas y la chapa abollada de todos los golpes que han recibido, carreteras asoladas por la arena subsahariana, carteles caídos y cubos de basura ardiendo. Un olor profundo y nauseabundo a pescado descompuesto es el recuerdo más latente que guardo en mi memoria de mi estancia en el pequeño barrio pesquero de Yoff. La llegada a Senegal, de noche, fue dura. Mi única salida posible fue meterme en un taxi, que apenas mantenía la carrocería encima de sus ruedas, con la compañía de dos hombres fuertes y grandes de tez muy oscura. Las imágenes que podía observar desde la ventana mientras me dirigían a mi destino eran siniestras. Había gente muy pobre rondando por la acera colindante a la autopista, casas medio caídas y basura agolpada por todas partes. El corazón me latía muy rápido, miles de pensamientos me enturbiaban la mente en aquel momento. Me sentí menos seguro que nunca, y por primera vez en mi vida me di cuenta de que estaba completamente desprotegido y a merced de mi destino.
EL GRAN VIAJE A LO DESCONOCIDO
Nada era tan malo como pensé en un primer momento. La angustia que me entró de noche al llegar a Dakar me dejo un mal sabor de boca. Alcancé mi destino tras una pequeña discusión sobre el precio acordado con el taxista y su amigo, ya me sentía seguro y no tenía intención alguna de empezar el viaje perdiendo dinero por ser turista. Entré en el hostal donde había quedado con mis dos compañeros de viaje, Goratz Beobide y Manex Otegi. Llevaban más de dos semanas viajando desde España hasta Senegal por tierra. Habían atravesado Marruecos, el Sahara y Mauritania con bastantes problemas, y se hallaban completamente abatidos después de tal proeza. El encuentro fue emotivo, jamás había presenciado una ilusión tan profunda al ver a alguien conocido. Fue una noche para compartir vivencias. Después de una larga charla, me hicieron comprender, que la gente y el lugar, eran mucho más seguros de lo que había pensado en un principio.
CLUB MED
Después de descansar la primera noche en Senegal, nos despertamos con ganas de encontrar alguna ola con la que juguetear. Buscamos un taxi, de los destartalados, y le pedimos que nos llevara a Club Med. Una ola que habíamos estado investigando varios días antes de partir de viaje y parecía ser bastante buena. Llegamos al destino y encontramos el mar bastante pequeño, empezamos a preguntar entre la gente del lugar por la ola y pronto unos surfistas locales nos indicaron el lugar. Andamos por las rocas hasta encontrarla, y vimos que algunos sets divertidos se escapaban. No dudamos ni un segundo en lanzarnos al agua tropical.
CONTRASTE INFINITO
Ese mismo día, después de ver todo el potencial de la zona, decidimos dar un paseo por el barrio de pescadores en el que nos quedábamos hospedados. El fuerte olor a pescado podrido, junto con la acumulación de basura en las calles, se contrastaba fuertemente con una belleza africana que jamás me podía haber imaginado. El factor de que el lugar no fuera un paraíso perfecto, lo convertía en algo mucho más único, que países mucho más típicos que había visitado con anterioridad, como pueden ser Estados unidos o Australia.
LA OLA DE ENFRENTE DE CASA
El paseo que dimos al atardecer, nos llevó hasta una pequeña playa con una isla situada a escasos metros de nuestro hospedaje. Atónitos pudimos observar ante nosotros una derecha perfecta rompiendo desde lejos. A simple vista no se podía observar bien la línea de la ola, y no le dimos más importancia. Un día después, recorrimos toda la zona en busca de olas y encontramos alguna derecha juguetona, no nos daba tiempo a surfearla, y decidimos dejarla para otro día. Volvimos corriendo a la que teníamos en frente de casa y nos llevamos una grata sorpresa. Fue la mejor sesión del viaje. No fue fotografiada, pero no nos importó mucho, ya que fue uno de los mejores recuerdos que guardaremos de este gran viaje. Al día siguiente fuimos con las cámaras, pero el tamaño había bajado mucho. Solo pudimos sacar un poco de brillo a la sesión con algunas fotografías acuáticas.
LOS TEJADOS DE YOFF
Uno de los días me subí el objetivo a la azotea para retratar un poco el entorno de la ciudad y como la gente hacía vida en sus casas. Fue curioso poder observar a la gente completamente metida en su rutina diaria sin que nada les perturbase. La fotografía les asustaba, y casi siempre era imposible sacar un retrato sin dificultades. No era un lugar típico como Indonesia, donde todos los niños se agolpan enloquecidos para que les saques una foto. Era diferente, aquí nadie quería ser retratado. Solo la distancia al objetivo y la ausencia del mismo, les hacía ser completamente naturales.
LA PLAYA DE LA CIUDAD
Ya llevábamos varios días surfeando solos, y nos preguntábamos donde estaban los surfistas en este lugar. Si la gran ciudad estaba llena de picos perfectos y vacíos, no nos queríamos imaginar el resto del país. Nos montamos en otro taxi y le pedimos que nos llevara a la playa más típica del lugar, esa donde todos los turistas van a aprender y a disfrutar. Al llegar, por fin vimos gente surfeando. La playa era grande, pero a ambos lados tenía más picos sueltos de roca donde no había nadie, nos movimos un poco y descubrimos olas muy buenas.
LA OSCURIDAD TOTAL
A los cinco días de viaje, empezó la semana del Ramadán. Oíamos cánticos por altavoz a todas horas y en todos los puntos de la ciudad, y por la noche, se organizaban unas fiestas con danzas extravagantes hasta bien entrada la madrugada. En una de esas noches, Goratz me despertó y me pidió que le acompañase. Cogimos el oscuro paso que había hasta la calle principal y llegamos hasta la plaza del barrio. Allí se había organizado un corro gigante y las mujeres danzaban como alma que lleva el diablo. Los niños se quedaban boquiabiertos al ver nuestros rostros pálidos, y las chicas del corro nos animaban para que saliéramos a hacer nuestra danza personal. No hubo narices de salir, la gente se lo quería pasar bien a nuestra costa. Goratz me empujaba una y otra vez pero no me atreví. Esta vez me sentí más observado que nunca. Pero fue un momento único en la vida. Jamás había visto tanta pasión y desenfreno en un baile.
EL GRAN NGOR
Uno de los lugares más famosos de Senegal para surfear es la isla de NGor. Hace ya muchos años, se rodaron imágenes en la derecha de Ngor en la famosa película de “The Endless Summer”. Gracias a la fama que le creó la película, el lugar se vio favorecido de visitantes. Aunque no tantos como seguramente los comerciantes del lugar hubieran querido, si lo suficiente como para respirar un ambiente surfero muy interesante, y ver en acción a los mejores surfistas del país.
UN PEQUEÑO GHETTO EN LA GRAN CIUDAD
Lo que más nos impactó del tour que nos hizo un taxista muy loco, por la ciudad de Dakar, fue la zona del mercado. Allí pudimos entrar en diferentes barracas y observar con nuestros propios ojos el trabajo incesante de la gente más pobre, cuyos sueldos no llegan a los 80 euros al mes, trabajando de sol a sol. También nos dejaron entrar en pequeñas cabañas construidas en mitad de edificios altos, lo que vendría a ser una favela africana.
SESIONES MAGICAS
De todo lo que vivimos en este viaje, me quedo con las sesiones mágicas que tuvimos sin nadie en el agua. Recuerdo una, con Goratz, en la playa inmensa al norte de dakar, con picos perfectos de derechas e izquierdas. Volvimos emocionados andando por la playa, comentando las olas y lo bonito del entorno. El sol se ponía gigante por encima de las casas, y la sensación era de estar metido en una auténtica película. Cientos de personas jugaban a fútbol en la orilla. Una instantánea que hubiera deseado tener en fotografía, pero que al final quedó en el recuerdo de mi mente, siempre aparece en mis memorias cuando pienso en Africa.
EL SURFING CON LOS NIÑOS
Los niños son el espejo del alma. En áfrica, representan la felicidad en estado puro. Muchas veces ni se dan cuenta de la miseria que les rodea, y lo único que piensan es en disfrutar al máximo lo poco que tienen. Quisimos compartir un día diferente, fusionar culturas, y nos fuimos con ellos a surfear. Muchos no se habían subido nunca a una tabla. Lo intentaban con nuestras tablas cortas y conseguían ponerse de pie. Aunque la seguridad no era su punto fuerte. Se pasaban unos por encima de otros, con quillas incluido. Pero estaban hechos de otro material, del material con el que se forjan los sueños…
CURIOSIDADES
Para acabar, me gustaría poner un par de fotos curiosas. Estas fotos representan lo pintoresco de viajar. Nunca sabes lo que te vas a encontrar!
Un viaje más, una experiencia más. Si buscas sensaciones, allí fuera tienes todas y más de las que te puedes imaginar!










































































































































































